jueves, 18 de agosto de 2016

Algo más que palabras

Una mano tendida para sobrevivir como humanidad

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor
A pesar del aluvión de dolores siempre tendremos la palabra para cobijarnos con ella, pues detrás de todo diálogo hay perpetuamente una ración de humanidad que nos acaba esperanzándonos. Es cierto que cada día es más complicado todo, son tantas las emergencias, que el mundo necesita de asistentes como jamás. La acción humanitaria es hoy vital para todo, máxime cuando las tentaciones son tan perversas, que nos dejan sin verbo. Naciones Unidas, una vez más y como tantas otras veces, nos pide que salgamos de nuestra pasividad para abrazar a los más de 130 millones de personas que en todo el mundo necesitan una mano tendida, una sonrisa de aliento, para poder sobrevivir. La realidad está ahí y cada día son más las personas atormentadas, prendidas por el desconsuelo, víctimas de la sinrazón y de mil crisis que nos acorralan. Ante este desbordante panorama, siempre son pocos los efectivos humanos, pues el ambiente de bochornos e inseguridades alcanza límites que nos dejan sin libertad alguna y con nula sumisión hacia los derechos humanos.

Aumentará, de seguir con esta tónica de irresponsabilidades planetarias, el número de los que piden refugio. Que nadie se empeñe en que los muros solventarán los problemas, tampoco las armas calman los conflictos, es la mano que socorre la que pone orden y calma. Tenemos historias que nos ahorcan. Pasemos de ellas. Miremos hacia adelante. El pasado no tiene futuro. Necesitamos construir un porvenir cada día, cada momento de nuestra existencia. La humanidad no requiere fronteras, en cambio si demanda deferencia. Todo esto adquiere, en el momento presente, un significado especial. Ya está bien de excluir y no acoger, de aislar y no compartir, de matar y no dar vida. En este sentido, resulta altamente preocupante las denuncias de amenazas, agresiones y otros actos intimidatorios, contra los defensores de derechos humanos y representantes de la sociedad civil. No es de recibo descalificar el trabajo de los activistas de las garantías fundamentales y los periodistas, que actúan sin otro interés que dar un poco de luz a los acontecimientos, poniendo en riesgo su integridad física.

Mientras una parte privilegiada de humanos viven en el divertimento permanente; otros, sin embargo, no pueden gozar de ventaja alguna para disfrutar de la increíble diversidad de nuestro planeta y de la belleza del mundo en que vivimos. Son muchos, siempre demasiados, los que necesitan ser socorridos y lo que encuentra son actitudes defensivas y recelosas, desinterés y apatía, una vergüenza para nuestras sociedades que se consideran civilizadas. Sirva como estampa vergonzante de inhumanidad, las deficiencias de micronutrientes, conocidas como "hambre oculta", un verdadero problema de salud pública en América Latina y el Caribe. Sin embargo, en este universo de contrariedades, y justo en la misma territorialidad caribeña, toneladas de alimentos acaban en la basura. Deberíamos tomar en observancia estos desajustes, sobre todo para garantizar hábitos de consumo y producción sostenibles. La humanidad no puede ser destructora de sí misma. Todos estamos llamados a esa acción positiva de los pequeños actos cotidianos de cada día, como pueden ser un saludo o una sonrisa, que no nos cuesta nada, pero que puede cambiar la vida de una persona al sentirse acogido por el otro.

Los moradores de este mundo, desde luego, precisan amarse más y armarse menos, convivir mejor y cohabitar sin tanta fuerza avasalladora, pues los dominios son de todos y los dominantes no debieran existir, ya que lo importante es  valorarse en relación a su espíritu donante y estimar mucho más los gestos de fraternidad. La fraternización de la especie sí que sería la gran noticia de la esperanza. Al fin, todo se reduce a pensar más en los demás que en mí, en servir mejor; en coexistir como un poeta, siempre en guardia. Hoy, cuando todo el mundo es un friki de algo, resulta que no pasamos de lo superficial, de una forma de vestir a veces inusual o pintoresca, cuando lo deseable sería profundizar en nuestras propias honduras del alma, que es donde radica nuestra capacidad de acoger y estimar.

Es público y notorio, que únicamente el amor es lo que nos transforma, porque es lo insuperable; aquello que derriba las tapias del aislamiento egoísta, instándonos a crecer unos junto a otros, arropándonos, injertándonos existencia. Precisamente, el continente Europeo, que debiera ser ejemplo de unión y unidad, en ocasiones se desmorona esa estética de alianzas, a mi juicio, por esa falta de apoyo de un espacio fraternizado. No se puede dejar todo a la deriva del interés económico, de las finanzas. La idea europeísta ha de ser más una construcción del espíritu humano que de los mercados, una edificación cimentada en la solidaridad que se encuentra hoy ante el requerimiento ineludible de una reconsideración de la ciudadanía como partícipe de su propio destino.

Si Europa, por sí misma, nos mundializa por su diversidad cultural; un continente tan extenso y poblado como Asia, está llamado a propiciar climas de convivencia más allá del terror; e, igualmente, el continente Africano, a fraternizarnos en la ilusión de crear el mundo que queremos. Si en justicia aspiramos a una paz justa, honrosa y duradera, la mano siempre tiene que estar extendida hacia todos los ámbitos continentales; conciliando y reconciliando, recobrando la concordia de este mundo dispar y abandonando el odio arcaico. Tampoco son suficientes las buenas intenciones, o circular de acá para allá; necesitamos sentirnos acompañados los unos por los otros y, también, acompasados los unos de los otros. Es verdad que la red digital nos lo pone más fácil, pero podemos quedarnos en eso, en la insignificancia de una red de hilos, ya que las personas demandamos querer y ser queridos, sentirnos junto al corazón del análogo. En ocasiones, debemos ir más allá de lo que vemos, sobre todo para denunciar que el planeta es para toda la humanidad, no para unos predilectos tan solo. Entonces, nos daremos cuenta, que no se justifica que algunos ciudadanos soporten vivir con menor dignidad que otros.


Son intensas y variadas las heridas que la humanidad se ha hecho, y se sigue haciendo, a pesar de la formación de las nuevas generaciones. La cultura de nuestro tiempo permanece cómodamente en su sillón de prerrogativas, sin pensar que es el motor de acción hacia ese hombre nuevo que no acaba de renovarse, de redimirse, de perdonarse y de mirar hacia el horizonte de la fraternización. Hace falta salir con valentía a tomar el pulso de la calle, a ponerse del lado del que nadie quiere ver ni oír. La humanidad no ha aprendido aún que la guerra es una locura, y pretende avivar ciudades inteligentes, cuando en realidad lo que hay que activar son pueblos más humanos, urbes más compasivas. Debemos ser más que un mero dato. Olvidamos que tenemos corazón. Que no somos piedras. Ni máquinas. Que somos útiles todos, ya seamos niños, adultos o caminemos por el atardecer de la vida. Quizás para entender esto, necesitemos otro ambiente más auténtico, conducido por la veracidad, y así, poder reencontrarnos con el armónico camino de la paz. Ya se sabe, nuestra propia vida no es aceptable a no ser que el cuerpo y el alma convivan en buena armonía. La proximidad todo lo anima y reanima. Todo esto se experimenta desde el respeto natural de unos hacia los otros. El acercamiento, igualmente, todo lo tranquiliza. Nos hace falta este cultivo. Apuntémonos toda la humanidad. Que no quede nadie sin asistir. Es nuestro derecho, y quizás también nuestro deber, humanizarnos. O lo que es lo mismo: poetizarnos.

Periódico Digital "El Nauzonteco". AGOSTO 2016

Feminicidios, entre el estigma social y un país que no quiere ver

  • Con la misión de sacudir conciencias, 10 autores presentarán el libro de cuentos: “El silencio de los cuerpos. Relatos sobre feminicidios” durante la FUL 2016

  

Pachuca de Soto, Hgo.- Desde el agujero negro que consume a las familias tras la desaparición de una de sus integrantes, Raquel Castro, se suma a la decena de autores que colaboran en el libro “El Silencio de los Cuerpos”, de Ediciones B que a través de una serie de cuentos aborda una de las tragedias más graves para México: los feminicidios.

La obra que será presentada en el marco de la Feria Universitaria del Libro, FUL 2016, organizada por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), su Patronato y la Secretaría de Cultura Federal del 26 de agosto al 4 de septiembre, busca sacudir la conciencia de la sociedad, para dejar claro que la violencia no es natural, que ninguna persona es culpable de que se ejerza violencia en su contra.

Y es que a decir de Raquel, en México los feminicidios tienen el agravante de la estigmatización de las víctimas y de sus familias; con un Estado ausente, más preocupado en las cifras que en las soluciones; e instituciones de Procuración de Justicia que van acumulando expedientes de manera automática, acostumbradas a omitir la impunidad de este delito.

“El silencio de los cuerpos. Relatos sobre feminicidios”, reúne las historias de Orfa Alarcón, Gabriela Damián Miravete, Iris García Cuevas, Susana Iglesias, Abril Posas, Ivonne Reyes Chiquete, Cristina Rivera Garza, Tania Tagle y el prólogo de Sergio González Rodríguez, todos comprometidos a levantar la voz en un país donde los homicidios ocurren bajo el amparo de la impunidad.

Teniendo como marco la Feria Universitaria del Libro, FUL 2016, “donde a las letras no se las lleva el viento”, que se desarrollará en el Polideportivo Carlos Martínez Balmori de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Raquel Castro y sus colegas presentarán esta serie de cuentos como una forma menos dolorosa de asomarse a la realidad, pero a fin de cuentas importante para comprender la gravedad de este problema.

“Son importantes libros como este, porque los invitamos a entender qué está pasando y si les resulta muy cruel, se los presentamos como una ficción que pueden cerrar. Nuestra sociedad necesita ser más sensible, liberar el mecanismo de defensa y entender que a todos nos puede pasar”, anticipa la autora, tras afirmar que este tipo de ficciones permiten asomarnos a ese pozo sin el vértigo de la caída que da la realidad.

A partir de la historia de Marcela, tras la desaparición de su hermana Sabina, la autora describe la estigmatización que viven las víctimas, la indolencia de las autoridades, la fragmentación de las familias y la solidaridad entre los grupos de la sociedad civil que enfrentan una tragedia similar.

“Cuando empecé a investigar sobre el tema, leía testimonios y testimonios, sentía que me faltaba algo. ¿Cómo vive una familia después de que alguien ya no está?... qué hacer si no tienes un cierre del problema, que ocurre cuando no te entregan un cuerpo, porque no pueden las familias no pueden tener un duelo”, reflexiona Raquel Castro para explicar que su cuento titulado “Viva”, quería retratar el agujero negro que se forma al interior de estas familias, para absorber y chupar todo lo que está a su alrededor.

Finalmente, insiste la autora en que es responsabilidad de todos hacer visible este problema que crece en cifras gracias a la impunidad y reconoce que es muy difícil ayudar a las familias de las víctimas, sin embargo mucho se puede hacer desde el ámbito privado, educando contra la violencia y dando voz a estas historias, concluyó.

Compartiendo diálogos conmigo mismo

Sé que cohabito en perpetuidad trascendiendo

I.- RECORDAR

Desearía ser ángel y no demonio.
Desearía hallarme conmigo y contigo.
Volver a ser la poesía que fui, el verso que soy.
Me pueden tantas desolaciones, que muero cada noche.
Es tan honda la pena que nada es en mi vida.
Ayer quería poseerte, hoy quiero olvidarte.
Mañana quizás no te recuerde.
Sé que no existo para ti.
Me has matado, lo sé.
Ya  no me vives.
Porque ya ni tú me imaginas en tus sueños,
pues qué es vivir, sino soñar en desvivirse por el otro.

II.- PERPETUAR

Venimos a la vida para perpetuarnos como especie.
Somos de la vida, el amor que todo lo enciende.
La inspiración y la espiración del Creador.
La permanente balada de Dios en nuestros días.
Por eso, cuánto más vivo, más me crezco.
Más maravilloso se vuelve vivir.
Vivir, de tal modo, que hasta sin aire camine.
Pongamos oído y dejemos hablar el corazón.
Que un corazón sin coraza, es un niño que ríe.
Eternicémonos y enternezcámonos.
Porque tras nacer de un instante preciso,
nos queda renacer, justo en el precioso momento.

III.- TRASCENDER

La vida es un ascender cada día en el amor de amar.
En el amar se conjuga la esencia del vivir.
Y en el vivir la manera de no apagarse.
Pues somos la idea de superación o superioridad de Dios.
Su referencia y su referente.
Necesitamos tenerle, somos parte de sí.
Por eso le invocamos, hemos de sentirnos sus hijos.
En comunión con el Padre, hermanados porque sí. 
Enhebrados a un sublime contacto, el tacto con la cruz.
Traspasados por el penitente llanto y el gozo redentor.
Porque con Jesús, uno siente tal magnetismo,
que no siendo nadie, lo es todo para sí y los demás.



Víctor Corcoba Herrero