jueves, 23 de julio de 2015

Columna

Algo más que palabras

Una actitud de cercanía es lo que nos falta a todos

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

Tenemos que advertirnos cercanos de corazón. Realmente hemos acortado las distancias, pero no hemos aminorado aquello que nos separa como especie. A mi juicio, hasta ahora cultivamos más una actitud excluyente que un talante inclusivo. Lo cierto es que para todo necesitamos sentirnos piña; tan próximos como tiernos, tan del camino como caminantes, tan de la multitud como de uno mismo en definitiva. Esto se injerta exclusivamente desde el amor, que se manifiesta más en obras que en palabras, más en dar que en recibir, más en donarse que en separarse. Por desgracia, ¡cuántos análogos nuestros viven con gran sufrimiento nuestro rechazo!. Hemos perdido la ternura y, lo que es peor, la capacidad de comprender para poder aproximarnos unos a otros, en cambio hemos ganado riadas de hechos violentos. Téngase en cuenta que para una persona no violenta, como decía Gandhi, todo el mundo es su familia. En consecuencia, pido el destierro de toda violencia  antes de que todo el mundo acabe violentado por la necedad.         Cuidado, que esto también se contagia.

Por eso, está muy bien que ahora se proponga garantizar una educación equitativa y de calidad por un lado, y promover el crecimiento económico y el trabajo decente por el otro, para todos, pero hace falta además, que la marginalidad se destierre de los ojos del alma de toda la ciudadanía. En este sentido, es necesario contraponerse a los intereses económicos egoístas de unos privilegiados y  a la lógica del poder de unos pocos, que excluyen a la mayoría de la población mundial. Precisamente, Naciones Unidas, acaba de estimar que cerca de setenta y cinco millones de jóvenes están desempleados a nivel mundial, la mayoría de los cuales viven en países en desarrollo, sin realizar labor alguna, como si ya fueran productos de abandono y desecho. ¡Qué poco valemos los seres humanos para algunos!. La Organización Mundial del Trabajo añade, asimismo, que si bien ciento veinticinco millones de jóvenes, es decir, uno de cada cinco que están trabajando, viven con menos de un dólar al día. En vista de este problema, la humanidad a través de sus organismos internacionales, tiene que invertir mucho más en actitudes solidarias, para que podamos construir un futuro más de todos y menos de nadie. O sea, más justo en suma, sin tantas desigualdades.

Ahora bien, justicia sin compasión también es un signo de crueldad que nos aleja. Cuántos lideres hoy en día hablan  muy bien, pero no se les entiende, porque se encuentran alejados del pueblo, les falta sufrir con ese pueblo, al que dicen defender y representar, las contrariedades del camino; y les sobra, sin embargo, dialéctica. Es esa cercanía auténtica, la que se siente y se sufre desde dentro, la que siembra de coraje y esperanza a la ciudadanía en su conjunto. No hay mejor actitud de vecindad que ver a los seres humanos de servicio continuo, sin otra reserva que no poder estar en dos sitios a la vez. Esta ha de ser una actitud humana por naturaleza, y como tal hemos de cultivarla a jornada completa, lo que va a significar comprender y valorar las riquezas de nuestro semejante. A propósito, nunca me cansaré de repetir: El aislamiento jamás, la exclusión nunca; la cercanía siempre, la inclusión en todo momento. Esta es la receta de una cultura de proximidad que el planeta necesita, con urgencia, y como el aire que respiramos.


Indudablemente, el mundo tiene que sentirse cercano en sí mismo, con una ciudadanía diversa, pero unida. Sólo mediante el diálogo y el compromiso ciudadano, se puede mejorar la convivencia y atesorar anhelos, sin tantas fragmentaciones absurdas. Esta desilusión que, tantas veces nos circunda, nos lleva también a una especie de huida, cuando lo que hay que impulsar son caminos de unidad. No hay futuro para ninguna sociedad, para nuestro mundo, si no sabemos convivir (cohabitar) colindantes, para despojarnos de tensiones y avivar, de este modo, otro clima más armónico. Convendría, pues, que todos volviéramos más los ojos a nuestro interior, y viéramos cuántas veces nosotros hemos dejado privados de la cercanía de un abrazo o de una mesa compartida, a alguien de los nuestros. Desde luego, esa indiferencia hacia nuestra misma especie es la peor de las actitudes que el ser humano puede llevar consigo. Auxilia siempre a los demás, incluyo antes que a ti mismo, podría ser un buen propósito para empezar, sobre todo para tomar una actitud más próxima al ser y a sus colectividades, de la que todos formamos parte y somos parte.