miércoles, 9 de septiembre de 2015

Algo más que palabras

Espacio para todas las expresiones del alma

Víctor Corcoba Herrero/ Escritor

Precisamos espacio para todas las expresiones, oponerse a ellas, paraliza la vitalidad de los seres pensantes. Indudablemente, ante la escasez de pensamientos, hay más docilidad y menos actos creativos para disolver ideologías dominadoras, que nos constriñen hasta adormecernos. Únicamente la autenticidad nos hará libres y es, desde esta naturalidad expresiva, como podemos romper las cadenas. Sin duda, hoy más que nunca, necesitamos mensajes liberadores frente a tantas opresiones, la más grave reducir al ciudadano a ser la voz de su señor, a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o el adoctrinamiento. Por desgracia, la maldita mentira es la gran dominadora, hasta el punto que la hemos convertido en una gran bola de nieve, que cuanto más rueda, más grande se vuelve. De ahí la necesidad de activar la cultura como conciencia colectiva, como modo de pensar y de vivir. En realidad, cohabitar como ciudadano, significa elegir una actitud comprensiva sin dejar de ser uno mismo, bajo la necesidad de convivir libremente con los seres de su propio linaje, dotándonos para ello, de artes o lenguajes diversos, para que sean el gran instrumento y lazo común que nos fraternice.

Precisamente sobre todo esto, pude recapacitar hace unos días, al asistir a una espléndida actuación, organizada por la Parroquia Nuestra Señora de los Olmos, dentro del XIV Ciclo Internacional de Conciertos- Órgano Histórico, templo ubicado en la paradisiaca localidad manchega del campo de Montiel, Torre de Juan Abad (Ciudad Real), en la que intervinieron: Sofía Pintor Aguirre (Voz soprano), Martín Cantarero Velázquez (Saxo soprano), Jesús Eusebio Jimeno Martínez (Saxo tenor) y Augusto Jerez García (Saxo barítono). Verdaderamente pude observar, junto a este pueblo con una población que sobrepasa el millar de habitantes, lo importante que son este tipo de eventos para elevar la mirada del ser humano hacia el Creador. Desde luego, el marco era incomparable, y los intervinientes con toda la intensidad de su noble alma, aparte de mostrarnos la belleza del encuentro espiritual, también pudimos compartir  unidos la hondura de este irrepetible momento de elevado valor cultural. Deseo manifestar, por consiguiente, mi profunda gratitud al Ayuntamiento de Torre de Juan Abad, por su patrocinio, pues son estos eventos los que nos hacen más humanos, más pueblo, más corazón en definitiva. Sería bueno que sirviera de referente. En tantos momentos de aprietos, este tipo de cultivos, no sólo alivia la situación de dificultad humana de cada cual, también contribuye a sentirnos alimentados espiritualmente. No olvidemos que, con muy poco presupuesto se pueden hacer grandes cosas, y yo me sentí poblado de felicidad ese día. Al pueblo y a los miembros del grupo, por ende, deseo expresar mi aprecio por el talento y la energía con que han interpretado los sugestivos fragmentos musicales, deseándoles largas e intensas intervenciones por todo el planetario. Estamos necesitados de su aliento y de su armónico hacer.

En verdad, si no fuera por este tipo de expresiones del alma, tendríamos más razones para volvernos locos.  Por eso, cualquier recóndito lugar del mundo, ha de propiciar este tipo de gozos, que infunden esperanza en el corazón humano, tan necesitado de luz y tan desbordado por los desconsuelos. Realmente, concurre un misterioso y profundo nexo entre música y anhelo, entre el color del verso y el pentagrama de esencias,  entre el dibujo del camino y el horizonte que abrazamos. Con razón, la tradición cristiana representa a las almas bienaventuradas cantando en coro, arrebatadas y extasiadas por la belleza de Dios. De igual modo, para los no creyentes, la alegría del canto y de la música, el abecedario pictórico o el mismo arte en general, es también una invitación constante a embellecerse con la existencia. Reivindico, pues, estos espacios que nos trascienden, haya donde habite cualquier ser humano. Al igual que la ley natural es un común denominador a todos los seres humanos y a todos los pueblos, igualmente el arte es una necesidad para nuestras habitaciones interiores. En consecuencia, hemos de pensar que somos cuerpo y espíritu a la vez, y por tanto, lo que nivela nuestras acciones es el alma que pongamos cada día. De ahí que cada contienda sea una destrucción del espíritu humano y, en cambio, cada expresión interna nuestra acreciente, junto a un respeto mutuo, también un soplo de humanidad más allá de las miserias humanas; no en vano, cualquier tipo de arte puede dar nombre a lo innombrable, compañía al solitario, y hasta comunicar ese mundo invisible que a veces queremos sentir, oír, ver y tocar.


Más pronto que tarde retornaremos a la Torre de Juan Abad, pues no hay mejor reconstituyente. Quevedo, en su tiempo, se liberó de cruces y yo me liberaré de mundanidad. Descubran el paraíso conmigo.

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